martes, 29 de mayo de 2012

CARDENAL NI ORTEGA CULTIVO. Por Orlando Luis Pardo Lazo para LaCubanada.com


En un sistema de corte monolítico, personalista, de órdenes que bajan en vertical al estilo de una hoja de guillotina (como ha sido durante décadas el establishment cubano), es muy fácil desconfiar de las altas jerarquías de toda institución social.


Las iglesias en Cuba no escapan de este fatum del fidelismo, incluida la Iglesia Católica, con sus dos visitas papales a la Isla (enero 1998 y marzo 2012) y con su Cardenal devenido prácticamente ministro oficial de una transición quién sabe si hacia un capitalismo de Estado: Realpolitik post-revolucionaria que podría llamarse mejor Raúlpolitik.


El cardenal cubano, Jaime Ortega y Alamino, no es, por supuesto, uno de los represores a sueldo del régimen. Tampoco creo, como difaman de él los ex-agentes exiliados de la contrainteligencia cubana (y es sabido que un agente nunca deja de serlo), que nuestro purpurado esté siendo chantajeado por la Seguridad respecto a su vida íntima.


De hecho, toda su palabra pública trasluce cierto deseo de habitar un país menos déspota que el presente. La cuestión es que Ortega y Alamino, como muchos sectores no gubernamentales en Cuba, tras tantos años de statu quo insular, carece de imaginación para concebir una patria sin el modus operandi de los militares que se hacen llamar comunistas. Lo que es más, el Cardenal, como la mayoría de la Nomenklatura local, desconfía de lo que podría parir (o abortar) esta nación y su exilio toda vez puestos en libertad.


Y acaso no le falte cínicamente razón.


Sufriendo de una (mala) suerte de Síndrome de Esto-es-el-colmo, los líderes católicos cubanos no ignoran que, en un escenario menos carcelario, la patria será el pasto perfecto para expresarse sin tapujos como lo que siempre ha sido: una Babiloniabana donde la eucaristía cumbre será la de las eyaculaciones rentadas.


Se teme, por supuesto, a semejante hedonismo histórico. Se teme a la Biblia desplazada por el libre pugilato de páginas en Internet. Se teme a la cuota criminal de violencia que sin duda implicará cualquier picotillo de nuevos mercados. Se teme a los deseos desatados de María Magdalena antes que a la disciplina de Poncio Pilatos. Todo octogenario en principio parece más confiable que aquel con una vida venérea por delante (por eso se dan misas por la salud de los máximos líderes y no por el alma de los mártires que se les opusieron).


Esta pornografobia eclesial los obliga a comportarse paradójicamente cómplices del ateísmo fundamentalista en el poder. Mejor marxistas conocidos, que mesianazgos y mecenazgos (mercenariazgos?) por conocer.


Se asume que, sin una férrea organización de puertas adentro, la fe de los orgasmos dejará aún más en ridículo a la Pasión de la Cruz (y de escandalitos sexuales está empedrado hasta el camino del Seminario). Se asume que el boom mediático del Cambio no dejará párroco con cabeza ni evangelio con lectores. Se teme que Dios no sea exactamente un demócrata. Se teme, en fin, que sin un estilo estalinista de secretismos de Estado, las iglesias en Cuba duren menos que el diablo en la puerta de un burdel.


Sobre el cardenal Jaime Ortega y Alamino recae, pues, la responsabilidad vaticana de no regalar sus fieles cautivos al volcán ladinoamericano de chingones y drogas y caudillos y desaparecidos. La oportunidad oportunistamente martiana de no norteamericanizar nuestra bárbara finquita de corcho en el MacCaribe. Y también la urgencia incivil de no despertar las greñas groseras de un pueblo católicamente analfabeto, lo que podría conducir a una orgía de órganos con los tanques de guerra tianamenizando las calles.


Pensándolo peor, a estas alturas de la homilía antihumanista cubana, ya no es para nada tan obvio que el cardenal Jaime Ortega y Alamino carezca de imaginación.


Cubansummatum est...!


http://www.lacubanada.com/forums/topic/409/cardenal-ni-ortega-cultivo

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