sábado, 26 de mayo de 2012

#España #EEUU #IslaJoven #CubaVa #HARVARD Arcoíris negro

Por Ondina León ©

La democracia, ese curioso abuso de la estadística, según el sabio de Jorge Luis
Borges, a veces también es dolorosamente cruel cuando en sus bolsones de libertad permite que entes ajenos a su naturaleza se expresen y se pavoneen. Tal es el caso de la hijísima del Generalísimo Castro II, Mariela Castro Espín, quien anda de gira por los Estados Unidos, la democracia más grande que existe, según algunos optimistas.

Bufanda al cuello, cárdigan negrito “ad hoc”, flores no en el pelo, sino en la garra, con sonrisita de burguesa satisfecha y maquiavélica, Marielita (aunque no ha emigrado aún) ha estado en San Francisco, California, contando cuentos para adultos bobalicones y admiradores de la Robolución castrista. En el colmo del delirio insultante, me entero de que el Servicio Secreto de esta nación le está brindando protección, es decir, que yo, que pago impuestos religiosamente como ciudadana estadounidense, estoy financiando su escolta de rubios mozos, que la “protegen” a ella, representante oficial de una dictadura feroz: horrores se verán, dice la Biblia.
Que esta Castro Espín participe en un foro sobre diversidad sexual en la bella urbe californiana es, cuando menos, una mueca de la historia a todos los que han sufrido y sufren la esencia excluyente y discriminatoria del castrismo, el peor régimen de la historia de América Latina, por sanguinario y perpetuo. Luego de reprimirlos, ningunearlos, encarcelarlos, torturarlos, excluirlos, vejarlos y desterrarlos durante décadas, los ideólogos y eminencias grises de la mafia burocrático-militar de La Habana se dieron cuenta de que podrían manipular y manosear a los hombres y mujeres de la comunidad gay y lésbica cubana, para hacerse publicidad positiva, con las banderas de un supuesto “humanismo revolucionario”, ideal para la complicidad con la izquierda procastrista mundial y para los millonarios rojos de Hollywood, que son tan anti-sistema y tan capitalistas, a la vez. Eso sí, el axioma es muy sencillo: se puede ser homosexual a secas, pero no homosexual y anticastrista, porque te cuesta la vida. La hijísima, por supuesto, no perdió la oportunidad de arremeter contra “la mafia de Miami”, la vaca de oro que ordeñan los Castro y gracias a la cual el parasitario sistema de castas familiares-mafiosas de la isla posesa sobrevive.
Después de la “Operación Tres P” (redadas contra putas, pájaros y proxenetas) a principios de los “románticos” años 60, de paredones y estampidas; luego de los horrores de la UMAP, con torturas y suicidios; tras el proceso de parametración en la educación y la cultura durante el llamado “Quinquenio Gris”, de los años 70, que ninguneo a tantas figuras artísticas —incluso a muchos que, como Antón Arrufat y Pablo Armando Fernández ahora son bufones de la corte castrista—; después de los actos de repudio del Mariel, con su éxodo masivo y sus violentos atentados a la dignidad humana; tras el Maleconazo de los 90; y el sostenido y sistemático régimen represivo con su violencia estructural, ¿dónde están los máximos responsables de este genocidio? Están en el poder. ¿Han sido juzgados por sus crímenes? No, no lo han sido aún y tardará en que se haga justicia. ¿Quiénes son estos mafiosos con rango de altos funcionarios de un gobierno? Los mismos que están en el poder, padres, hijos y nietos de la misma casta, que representa Mariela Castro Espín, la “Sagrada Protectora de la Diversidad Sexual”, pero no de la diversidad ideológica, no del pluralismo político, no del respecto a los derechos humanos y civiles básicos, no de la democracia y el estado de derecho, no del respeto a las Damas de Blanco y a los disidentes y exiliados.
Castro Espín, aunque sea aplaudida por muchos gays y lesbianas, que sólo ven o tratan de ver la parte del callo que les duele, cuando se lo pisan, y no la ampolla colectiva, sangrante y dolorosa, de Cuba, es lo peor de lo peor del régimen castrista, porque aparenta ser su lado “ligero” y humano, cuando en realidad es tan genocida como su padre, el Generalísimo Castro II. A mí no me confunde, aunque yo siempre he estado y estoy a favor del respeto a la diversidad sexual y el respeto a la dignidad humana, sea el individuo de la naturaleza que sea.
Esta Castro debería ser juzgada por un tribunal internacional por formar parte del peor nepotismo de nuestra historia, el que ha condenado a la miseria injustificada a toda una nación, y que ahora, en una isla donde una simple aspirina es un lujo y donde los pacientes tienen que llevar su sábana y su cubo para cargar agua, si tienen la desgracia de ser ingresado en un hospital para el pueblo —no en uno para extranjeros o para la casta (al que va Hugo Chávez) —, el régimen financia operaciones de cambio de sexo a cambio de publicidad incondicional a la dictadura. Es como un arcoíris negro y policromado de chantajes y vejámenes. ¡La desvergüenza no tiene límites! Y repito, la democracia es dolorosamente así, errática y desafiante, como la dictadura de la historia. Pero, gracias a Dios que, al menos, ahora tengo la posibilidad de hacer una catarsis de indignación y cordura, desde el bastión de libertad que me he labrado.

Fuente: http://www.guitafora.com/2012/05/arcoiris-negro.html

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