jueves, 7 de junio de 2012

Machete que son poquitos.


Por: Jose Alberto Alvarez Bravo

No conoci personalmente a la señora, pero sus hijos Agustin y Ada Lopez Canino me son muy queridos. Acaban de pasar por uno de los eventos mas dificiles que nos da la vida: la perdida de quien nos la da.
Lo supimos a traves de un sms de Yoani, y sucesivas llamadas de William Cacer al movil de Tin (Agustin) nos fueron orientando: sobre las 3:00 pm del 5 de junio de 2012, el cortejo llegaria al cementerio de Colon, adonde me dirigi con mi amigo y compañero de luchas Eriberto Liranza Romero. Alli nos unimos a Willy y Frank Abel, que nos antecedieron.

Leiamos, dormitabamos o conversabamos cuando irrumpieron dos autos Lada con matricula particular, desmontandose un grupo de individuos vestidos de civil en quienes reconocimos la indeseable presencia de la policia politica. De inmediato, uno de sus mas connotados agentes descubiertos, el monumental Volodia (Vladimir Gonzalez Zaldivar), comenzo a rondarnos amenazador, con la evidente intencion de amedrentarnos con su corpachon.

Indiferentes a su trasiego de matones alquilados, uno de los esbirros expreso, en tono y volumen que pudieramos oirle con claridad, la frase que denota el ansia reprimida de recibir la orden de terminar de una vez con la disidencia pacifica cubana: machete que son poquitos.

Esta frase, reiterada en todos los actos de repudio contra las Damas de Blanco, revela la identidad de quienes estan detras del “pueblo enardecido”.

El flagrante irrespeto al dolor de una pequeña familia, expresado en la irreverente presencia de mas de una docena de delincuentes licitados por el poder castrista, contrasta con la cacareada vocacion humanitaria del regimen. Cual si de una protesta callejera se tratara, los asesinos a sueldo de la dictadura se arracimaron a cierta distancia; habian ido llegando en motos Suzuki, adquiridas con los recursos que sus amos esquilman al pueblo cubano para facilitarles su rapido desplazamiento. Su enanismo moral quedo evidenciado en la mayoria numerica de los represores en comparacion con dolientes y amigos.  

Mientras los asesinos contenidos persiguen hasta una pequeña congregacion transida por una perdida irreparable, tontos utiles –o quizas oportunistas redomados- continuan exigiendo a la justicia norteamericana, en suelo norteamericano, la excarcelacion de los espias probados, que deben su vida a que la pelicula no fue al reves.

¿Que sucederia si de pronto dejaramos de ser poquitos? ¿Tanques de guerra? ¿Ametralladoras? Seria interesante oir entonces las palabras de la bella Camila Vallejo, quizas ya  un tanto tardias. 

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