viernes, 27 de julio de 2012

Lo extraño sobre la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas


Lo extraño sobre la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas



Lo extraño sería, en verdad, que Oswaldo Payá Sardiñas, el promotor más concienzudo y metódico de la transición pacífica y la reconciliación nacional, hubiera muerto de manera violenta y azarosa, y no a manos del gobierno cubano, que tantas veces lo hostigó y amenazó de muerte, sino por negligencia de sus colaboradores y amigos. 

Lo extraño sería, en verdad, que dos políticos europeos recorrieran la isla de un extremo a otro con una de las figuras más vigiladas de la oposición, en auto alquilado en agencia estatal, y llegaran a la provincia Granma, a 800 km de La Habana, sin ser detectados por las fuerzas de la Seguridad del Estado.

Lo extraño sería, en verdad, que el gobierno cubano no obligara a esos políticos, el español Ángel Carromero y el sueco Jens Aron Modig, a suscribir su versión de los hechos como condición para dejarlos regresar a su país. Cualquier versión que den luego, será auto-contradiciéndose y tendrá mucho menos fuerza.

Lo extraño sería, en verdad, que la prensa extranjera acreditada en Cuba hiciera una labor investigativa seria para aclarar las circunstancias en que murieron Oswaldo Payá y Harold Cepero o que intentara obtener y revelar a tiempo los mensajes enviados desde los teléfonos móviles de los políticos europeos, momentos antes del siniestro. 

Lo extraño sería, en verdad, que los diplomáticos suecos y españoles no aceptaran el chantaje de callar cualquier detalle que contradiga la versión oficial de los hechos para “facilitar la gestión” de repatriar cuanto antes a sus compatriotas.

Lo extraño sería, en verdad, que alguien hiciera por nosotros la defensa de los hechos en lo que toca a la vida y en lo que toca a la muerte de los demócratas cubanos.

Foto: Oswaldo Payá y Harold Cepero en La Habana, mayo del 2012. © Caroline Petersson. Fuente: Primavera Digital.

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