sábado, 21 de julio de 2012

#Venezuela EL DESCUAJERINGADO G2 por Esteban Fernández


Los miembros del antiguo ‘G2’ tenían en su mayoría como 30 años de edad. Muy poca educación, sólo los movía la envidia, la alegría de tener una pistola Makarov en la cintura, y hacerle la vida insoportable a las personas íntegras. Hicieron de la delación, de la chivatería, un modo de vida. Y el recién estrenado tirano los incitaba, los utilizaba, y tenían “patente de corso” para llevar a cabo todo tipo de fechorías y de barbaridades…

De ser unos marginados de la sociedad, pasaron a ser unos temidos personajes. Les daban un carné que decía G2 o D.I.E.R. hasta llegar a ser miembros de la inicial Seguridad del Estado… Les entregaron unos pavorosos rifles FAL, y se transformaron en unos tenebrosos buitres que azotaban a la nación en pleno, desde San Antonio hasta Maisí.

Recorrían los pueblos y ciudades en pandilla, golpeaban a coterráneos con saña, y a individuos, que hasta el año anterior habían sido considerados ciudadanos ejemplares e ilustres y jóvenes inocentes, los comenzaron a tratar como parias, y les llamaban cuanto epíteto despectivo existía en el diccionario castrista…

No hacía falta cometer ningún delito para que la jauría de nuevos jenízaros los detuviera y los llevaran a empujones para la jefatura de policía. Allí los gendarmes, que eran de la misma calaña, les reían la gracia y maltrataban al preso. Era un intento violento y nacional por amedrentar a las personas decentes.

La inmensa mayoría de ellos no había luchado contra Fulgencio Batista, no habían participado jamás en una labor positiva y mucho menos caritativa, la preparación escolar de esa gentuza era cero, y en ese momento repartir leña, abusar y chivatear, se consideraban “actos patrióticos” y aplaudidos por el resto de la claque, por las autoridades, y hasta por los hombres que estaban al frente del gobierno del país.
Recibían tres o cuatro billetes al mes con la foto de Camilo Cienfuegos, y les daban un uniforme y una boina verde olivo. No escondían las muestras de alegría cuando veían correr las lágrimas de las madres, porque gracias a ellos, sus hijos eran condenados a 20 años de cárcel. Se integraron en masa a los Comités de Defensa para vigilar a los vecinos…

Paraban los camiones de cortadores de caña frente a las casas de los que consideraban enemigos para gritarles ¡Paredón!… ¡Qué alegría sentían cuando se enteraban que fulanito estaba sufriendo las nevadas en New York, y que en Miami, hasta los médicos y abogados estaban lavando platos en hoteles de la playa!…

Ah, pero ¿les dije que tenían mas o menos 30 años en aquella época? Bueno, pues entonces actualmente tienen mas de 80 años. Uno en un millón ha llegado a una posición cimera. En la actualidad, tienen para la tiranía el mismo valor que un pedazo usado de papel higiénico. Han sido sustituidos por una esbirrada joven, nueva, fuerte, adoctrinada y hasta peores que ellos.

Estuvieron dedicados por completo a la delación, no creyeron necesario estudiar, y como en Cuba la “medicina socialista” es solamente para los altos funcionarios y para extranjeros, entonces ellos- los que no han muerto- viven con achaques, descuarejingados, y andan en destartalados sillones de ruedas sin apenas atención médica.

Tienen retiros de miseria en moneda nacional, ya no poseen las fuerzas necesarias para seguir siendo esbirros, y la inteligencia nunca la tuvieron. Como se pasaron toda una vida cometiendo atrocidades, no tienen marcha atrás arrepintiéndose de nada. Los enemigos del régimen los odian, los pinos nuevos castristas los ignoran y ni caso les hacen.

Después que se permitieron las visitas de “la comunidad cubana en el exterior” y llegaron los antiguos vecinos cargados de vituallas como si fueran miles de Reyes Magos modernos, y como si todos los días fueran el 6 de Enero, esa inmundicia del pasado ha quedado completamente relegada. Ayer fueron “come candelas” y hoy comen rastrojos.

Los familiares de “Melchor, Gaspar y Baltasar” evitan que estos los vean juntos a los que antes de salir los escupieron y les hicieron los inventarios en sus casas y enviaron a sus padres para La Cabaña.

No pueden entrar en los Hoteles de lujo de La Habana ni de Varadero. La “zona dólar” les está vedada. Hasta sí se acercan a los latones de basura en los lugares destinados para los turistas, los echan de allí a cajas destempladas…

Y, hoy en día, son hasta capaces de tratar de acercarse a un visitante y decirle: “Oye, dile a mi primo Pedrito que no se olvide de mí y me envíe aunque sea una camisa de Sears”… Algunos reciben limonas de parientes y hasta de hijos que vinieron al odiado “imperialismo yanqui” que tanto ellos atacaron, pero son una minoría. Creyeron ser mayimbes y terminaron siendo unos pordioseros.

Sin lugar a dudas, y en terminos generales, están destruidos. Y perdonen ustedes el exabrupto, pero la respuesta correcta debe ser: Alegrarnos de todo lo malo que les pase. O dicho en una forma mas fina y elegante: ¡Qué se defequen en sus madres por haber sido tan perversos!…

Fuente: http://adribosch.wordpress.com/2012/07/21/el-descuajeringado-g2-por-esteban-fernandez/

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