jueves, 27 de septiembre de 2012

Un muro ¿humano?





Por José Alberto Álvarez Bravo


Cumpliendo las indicaciones de Berta Soler, líder de su movimiento, la Dama de Blanco Lilia Castañer Hernández se dirigía, en horas de la tarde del lunes 24 de septiembre de 2012, hacia la iglesia de La Merced, en La Habana Vieja, cuando se sintió contenida, literalmente, por un infranqueable muro ¿humano?

Un connotado agente de la policía política del régimen castrista la reconoció dentro de la muchedumbre allí reunida, cuyo propósito era precisamente impedir la llegada de disidentes al templo religioso; se le abalanzó presuroso, conminándola a abandonar el lugar bajo el alegato de que la participación de las Damas de Blanco en el oficio religioso había sido suspendida.

-“Las Damas de Blanco contaminan la actividad de la iglesia”, fue el argumento empleado por un represor de oficio que se hace llamar Alejandro, conminándola a retirarse del lugar por ser una persona de avanzada edad.

-“Son ustedes quienes contaminan todo con su irrespeto al derecho de las personas a participar en las actividades que la ley no prohíbe”, fue la respuesta de Castañer Hdez.

Descalificados por su endeblez argumental y moral, a los sostenedores de la dinastía castrofascista no les quedó otro recurso, para lograr su avieso propósito, que rodear a la valerosa y solitaria mujer con un impenetrable muro de represores de semblantes hoscos y amenazantes; el camino hacia el cumplimiento de su deber quedó bloqueado por quienes defienden un régimen que ha tocado fondo en el pozo del desprestigio y la amoralidad.

Nota: Lilia Castañer Hernández, primera a la izquierda.

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