viernes, 5 de octubre de 2012

#venezuela .Caraqueños vivieron una noche sin ley


Fue la ciudad sin normas, abandonada a su suerte, a las consecuencias del desenfreno, del abuso de poder y de la ingesta de licor.

Mucha basura dejan marchistas en cierre de Chávez(Edsaú Olivares)



MARISOL DECARLI R. |  EL UNIVERSAL
viernes 5 de octubre de 2012  10:55 AM
Caracas.- Los programas del candidato presidente en el pavimento junto a botellas de licor vacías y entre desechos estaban esparcidos anoche en las aceras y calles, tras la manifestación convocada por el Partido Socialista Unido de Venezuela.

Durante todo el día, la jornada había sido inusual, porque grupos con el eslogan del candidato rondaban el centro y habían prácticamente tomado las calles de Candelaria consumiendo licor, copando los espacios con música a todo volumen y buscando pleito.

Inusual porque los comerciantes del casco central, atemorizados, cerraron sus locales todo el día.

Pero si el día en el centro de Caracas estuvo signado por la anarquía de estos grupos sin control que habían venido de muchas ciudades del país al acto de cierre de campaña, en la noche todo se volvió más sórdido, más peligroso.

Pasadas las 7 de la noche, en la acera de la esquina de Ánimas, insólitamente, tres "rojos rojitos" se habían instalado a cocinar una parrilla mientras ingerían anís.

Las cuadras siguientes estaban repletas de chavistas tomando cerveza y ron, haciendo ruido, interrumpiendo el tráfico y armados.

La Cota Mil no se podía tomar porque la cola no avanzaba debido a la gran cantidad de buses con personas que vinieron a la concentración y que a esa hora regresaban a sus sitios de origen. La avenida Libertador estaba aún trancada, así que la otra alternativa era tomar la autopista saliendo por la plaza Venezuela.

Antes de llegar a dicha plaza, cerca del Colegio de Ingenieros, un joven estaba parado en el medio de la calle totalmente ebrio y con la mirada perdida, al que los conductores sorteaban para no atropellarlo.

La plaza Venezuela era un pandemónium. Decenas de buses unos tras otros, numerosos motorizados subiéndose a las aceras, desplazándose en zig-zag con botellas de licor o tratando de pasar por las minúsculas rendijas entre los carros de una intrincada cola que no se movía y parecía no acabarse.

De la rumba colectiva participaban mujeres y hombres gritando y bailando sobre la grama de la plaza, siempre con un vaso o una botella en la mano y en muchos casos acompañados de niños.

Algunos se veían drogados. Otros caminaban de un lado a otro por la avenida, también armados.

La sensación de miedo invadía a quienes en sus vehículos particulares retornaban a sus hogares. Y los latidos del corazón se aceleraban cuando los motorizados se acercaban peligrosamente a las ventanas de los carros.

Abajo, la autopista Francisco Fajardo era otro caos, un "estacionamiento" de buses. Imposible de traficar.

Ni un policía ni un guardia nacional se veían esta patética noche "postmarcha chavista" difícil de olvidar.

Fue la ciudad sin normas, abandonada a su suerte, a las consecuencias del desenfreno, de la impunidad, del "dejar hacer", de la excesiva ingesta de licor.

De los robos, puñaladas, tiros y asesinatos se supo hoy.

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